La trampa del control de nuestras emociones: lo que nos mantiene estancados

 ¿Cómo sueles afrontar el malestar? Generalmente, cuando experimentamos emociones y pensamientos desagradables tratamos de eliminarlos, reprimirlos o controlarlos de alguna manera. Sin embargo, estas “estrategias de afrontamiento” no suelen ser fructíferas. De hecho, pueden llegar a ser contraproducentes. En el artículo de hoy hablaremos de la llamada trampa del control de la gestión emocional. 

¿Qué es la trampa del control? 

La trampa del control hace referencia al fenómeno por el que, paradójicamente, los intentos de supresión o evitación de nuestras emociones desagradables y pensamientos incómodos conllevan que estos eventos se vuelvan cada vez más potentes. 

Es decir, cuanto más luchemos contra aquello que sentimos o pensamos y no queremos, más se agudiza nuestro malestar. De este modo, entramos en una especie de círculo vicioso por el cual quedamos atrapados en una batalla interna que, lejos de aliviarnos del dolor, lo incrementa. 

No podemos controlar lo incontrolable 

Cuando hacemos el intento de controlar nuestras emociones solemos creer que podemos “arreglar” aquello que nos incomoda de ellas. Sin embargo, la realidad es otra: el intento de controlar nuestras experiencias internas genera que aumenten en frecuencia e intensidad. 

¿Por qué sucede esto? 

La llamada supresión reactiva hace referencia a cómo el intento de bloquear, evitar o reprimir un pensamiento resulta en que regrese de una manera más potente a nuestra mente. En otras palabras, los esfuerzos invertidos en dejar de pensar en aquello que nos genera malestar hacen que ese mismo pensamiento aumente en incidencia y magnitud. 

Por ejemplo, ¿qué ocurre si nos dicen que no pensemos en un elefante rosa? Pues, que seguramente terminaremos pensando en un elefante rosa. De hecho, seguramente pensaremos más en el elefante rosa ahora de lo que lo haríamos normalmente, simplemente por habernos dicho que no lo hiciéramos. El malestar, desgraciadamente, no depende de una decisión de dejar de sentirlo o de ignorarlo. 

Por otro lado, cuando orientamos y centramos nuestra atención en tratar de evitar una experiencia interna determinada terminaremos por darle mayor relevancia, potenciándola por el mero hecho de atenderla. Es como si nos fusionáramos con la emoción desagradable, y esta fuese la única guía de nuestra conducta. 

El propio ciclo de la evitación surge por nuestro miedo a experimentar ciertas situaciones o estímulos que asociamos con el malestar, por lo que tendemos a evadirlos. Esto limitará nuestro crecimiento personal y vital, generando mayores dificultades de adaptación a nuestro entorno. 

La trampa 

Os proponemos un ejercicio de visualización. Imaginad que vuestras experiencias internas toman la forma de un monstruo enorme al que os encontráis atados con una cuerda. Entre ambos se encuentra un foso con caída al infinito, tal y como se muestra en la imagen.

Visualizad ahora que dedicáis toda vuestra vida a intentar luchar contra el monstruo, tratando de superar su fuerza a pesar de que sea mucho más grande y fuerte que vosotros. Os encontraréis constantemente al borde del abismo. Muchos de vosotros/as identificaréis que así se puede sentir la lucha por la evitación constante de nuestras emociones, sentimientos o recuerdos dolorosos. 

Ahora bien, no debemos confundir la aceptación de estas experiencias internas con la resignación. La aceptación se trata de un paso en la dirección de liberarnos de las cadenas que generan los intentos de control. Es una de las maneras que tenemos de abrazar la complejidad de nuestra experiencia humana. 

¿Y qué hacemos? 

En terapia podemos aprender a, en lugar de luchar contra nuestros pensamientos y emociones, aceptar nuestras experiencias privadas desagradables tal y como son, sin juzgarlas. A continuación os facilitamos algunas de las claves: 

Redefinir nuestra relación con los pensamientos y las emociones 

A diferencia de lo que solemos creer, nuestros pensamientos y emociones desagradables no son enemigos contra los que debemos luchar. Funcionan como señales que nos informan sobre lo que está ocurriendo en nuestro contexto, y nos orientan a actuar en consecuencia. Es decir, promueven nuestra adaptación y supervivencia. Cuando realizamos el ejercicio de aceptarlas, reducimos el poder que tienen sobre nosotros/as. 

Buscar y seguir la coherencia con nuestros valores personales 

La clave está en, más allá de invertir nuestro tiempo y energía en tratar de controlar lo incontrolable, identificar qué es realmente importante para nosotros en la vida. El hecho de comprometernos con estos valores nos permite actuar de una manera flexible y constructiva en nuestro día a día, incluso en presencia del malestar emocional. 

Atención plena y mindfulness 

Nos permite aprender a observar nuestras experiencias internas desde una perspectiva de curiosidad, libre de juicios. Esto nos permitirá separarnos de ellas, tomar distancia y reconocer que aunque estén presentes no definen quiénes somos ni qué hacemos. Somos mucho más que nuestras emociones y pensamientos, y no tienen por qué impedir que vivamos una vida significativa. 

Ejemplo práctico 

Imaginemos a una persona que siente mucha ansiedad al hablar en público. En este momento, está sintiendo ansiedad antes de hacer una presentación en el trabajo. La reacción natural es intentar ahogar y suprimir ese sentimiento con distracciones, negándolo e ignorándolo por completo. Pero, es probable que esos esfuerzos generen aun más ansiedad, y termine por ser más complejo mantener la concentración. 

¿Qué podría hacer? 

Aceptación de la ansiedad. Reconocer que los síntomas de ansiedad son, simplemente, una respuesta natural ante la situación desafiante que está viviendo. 

Observación sin juicio. Practicar mindfulness permitirá sentir la ansiedad sin etiquetarla como “mala”, “dañina” o “inaceptable”. 

Coherencia con los valores personales. La presentación es importante para su puesto de trabajo, que a la vez es fundamental para su crecimiento profesional. La ansiedad es sólo una de las partes de este proceso. 

Activación conductual. Es importante que, a pesar de sentir la ansiedad, siga adelante con la presentación. Puede permitirse sentir la ansiedad sin dejar que le bloquee o paralice. 

Conclusión 

En definitiva, la aceptación y el compromiso con los valores nos permiten actuar de una manera consciente y coherente, incrementando la flexibilidad, la resiliencia, la plenitud y la satisfacción en nuestra vida. 

Artículo por Sophie McBain.

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