La infancia es una etapa crucial en el desarrollo humano, donde las experiencias vividas pueden moldear significativamente la salud mental y emocional en la adultez. Entre las adversidades que pueden marcar esta etapa, la negligencia infantil destaca por su impacto profundo y, con frecuencia, silencioso. A diferencia de otros tipos de maltrato más reconocidos, la negligencia a menudo pasa desapercibida, dejando cicatrices invisibles pero duraderas en quienes la padecen.
¿Qué es la negligencia infantil?
La negligencia infantil se define como la falta de provisión de las necesidades básicas del niño por parte de sus cuidadores, ya sean físicas, emocionales, educativas o médicas. Este abandono puede ser intencional o inconsciente: resultado de la incapacidad de los padres para brindar el cuidado y cariño necesarios. A diferencia del abuso físico o sexual, la negligencia se caracteriza por la omisión de acciones que aseguren el bienestar del menor.
Tipos de negligencia
La negligencia puede manifestarse de diversas formas, entre las cuales destacan:
● Negligencia física: Donde no se proporciona alimentos, ropa adecuada, refugio o una supervisión apropiada.
● Negligencia emocional: La cual supone una falta de respuesta a las necesidades afectivas del niño, incluyendo la ausencia de apoyo, amor o atención.
● Negligencia médica: Donde no se proporciona la atención sanitaria necesaria cuando el niño lo requiere.
● Negligencia educativa: Donde no se inscribe al niño en la escuela o se ignoran sus necesidades educativas especiales.
Es fundamental reconocer que la negligencia emocional, aunque menos evidente, puede tener consecuencias tan devastadoras como otros tipos de abandono.
Impacto a largo plazo en la salud mental
Las secuelas de la negligencia infantil pueden perdurar hasta la adultez, afectando diversas áreas de la vida de una persona:
● Desarrollo emocional: La falta de apoyo y validación emocional puede llevar a una baja autoestima, dificultades para reconocer y gestionar emociones, y problemas en la formación de una identidad sólida.
● Salud mental: Existe una correlación entre la negligencia en la infancia y la aparición, a largo plazo, de distintos trastornos como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático (TEPT) y comportamientos autodestructivos.
● Relaciones interpersonales: Las personas que han sufrido negligencia pueden experimentar dificultades a la hora de establecer relaciones saludables, debido a problemas de confianza, miedo al rechazo o patrones de apego inseguros.
● Rendimiento académico y laboral: La falta de estímulo y apoyo durante la infancia también puede traducirse en dificultades académicas y, posteriormente, en desafíos en el ámbito laboral.
La perspectiva profesional de Peter Levine y Bessel van der Kolk
El Dr. Peter Levine, reconocido por su trabajo en el campo del trauma, enfatiza que las experiencias traumáticas, incluyendo la negligencia, quedan “almacenadas” en el cuerpo, afectando tanto a la mente como al organismo.
Por su parte, el Dr. Bessel van der Kolk, en su obra “El cuerpo lleva la cuenta“, destaca cómo el trauma infantil puede alterar la estructura cerebral y las respuestas fisiológicas, afectando la capacidad de las personas para experimentar placer, autocontrol y confianza. Van der Kolk subraya la importancia de abordar el trauma a través de intervenciones que reconecten a las personas con sus cuerpos y emociones, promoviendo una integración saludable de sus experiencias.
Vías de restauración emocional
Afrontar las secuelas de la negligencia infantil es un proceso desafiante, pero posible. Algunas estrategias incluyen:
● Terapia psicológica: Intervenciones como la terapia cognitivo-conductual o la terapia centrada en el trauma que pueden ir acompañadas de enfoques complementarios como la experiencia somática. Estas pueden ser efectivas para procesar y sanar las heridas emocionales.
● Reconexión corporal: Prácticas como el yoga, la meditación y otras técnicas de atención plena pueden ayudarnos a reconectar con nuestros cuerpos, liberando tensiones y emociones reprimidas.
● Construcción de redes de apoyo: Establecer relaciones saludables y contar con una comunidad de apoyo reporta grandes beneficios para la recuperación y el desarrollo de una autoestima positiva.
● Educación y concienciación: Comprender cómo la negligencia ha influido en la vida de uno mismo es un paso crucial para el empoderamiento y la transformación personal.
En definitiva, la negligencia infantil, aunque a veces imperceptible, deja una huella profunda en la psique y el cuerpo de aquellos que la han experimentado. Reconocer su impacto y buscar caminos de sanación es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos de cara a romper el ciclo del trauma y construir una vida plena y saludable
Artículo por Sarah Torvisco.