Como madres, padres o figuras de referencia, nos duele ver que nuestr@ hij@ no se valora, se compara constantemente con los demás o se habla con dureza a sí mism@. La autoestima es el motor interno que impulsa a niñas, niños y adolescentes a enfrentarse al mundo, a confiar en que pueden aprender, equivocarse, mejorar y ser queridos tal y como son.
Pero… ¿qué podemos hacer desde casa cuando detectamos que su autoestima está baja?
- Escuchar más alla de las palabras
Cuando un niño o adolescente dice cosas como “no valgo para nada” o “nadie me quiere”, puede que esté expresando un malestar más profundo. Antes de intentar “arreglarlo” con frases como “¡no digas eso!” o “¡claro que vales mucho!”, prueba a escuchar con calma y validar lo que siente:
“Veo que estás sintiéndote mal contigo últimamente… ¿quieres que hablemos de eso?”
Validar no es reforzar la creencia negativa, es simplemente estar presentes para que sientan que su emoción tiene un lugar seguro donde expresarse.
- Cambia el foco del resultado al esfuerzo
Muchas veces, sin querer, ponemos mucho énfasis en los logros: las notas, los goles marcados, los aplausos. Pero la autoestima sana se construye más desde el esfuerzo y la perseverancia que desde el resultado.
Frases como estas pueden marcar una gran diferencia:
“Estoy orgullos@ del esfuerzo que has hecho, aunque no haya salido como querías.”
“Vi cómo te esforzaste en terminar ese trabajo, eso tiene mucho valor.”
- Fomenta un diálogo interno amable
L@s niñ@s aprenden a hablarse a sí mism@s del mismo modo en que les hablamos. Si escuchas que se dicen cosas como “soy tont@” o “todo lo hago mal”, ayúdales a cuestionarlo:
“¿Le dirías eso a un amig@ si se equivocara? ¿Y qué podrías decirte a ti mism@ en lugar de eso?”
El objetivo no es que se repitan frases vacías frente al espejo, sino que aprendan a ser compasivos consigo mismos.
- Evita etiquetas y comparaciones
Frases como “eres muy tímid@”, “siempre te despistas” o “tu herman@ sí que es buen@ en eso” pueden parecer inofensivas, pero tienen un gran impacto en la forma en que l@s niñ@s se perciben a sí mism@s. Las etiquetas, aunque estén dichas con cariño, tienden a limitar, encasillar… y quedarse.
En lugar de definir a tu hij@ por lo que hace en un momento concreto, trata de describir lo que observas de forma puntual y con posibilidad de cambio:
“Hoy te ha costado concentrarte, ¿te ha pasado algo?”
De esta forma, abrimos la puerta a la reflexión y al crecimiento, sin encerrarles en una única forma de ser.
- Cuida los momentos de conexión real
Más allá de las palabras, la autoestima también se fortalece a través del vínculo. Compartir tiempo de calidad, sin pantallas ni prisas, donde hij@s y madres/padres puedan sentirse vistos y escuchados, es fundamental.
No se trata de hacer grandes planes: cocinar juntos, salir a pasear, jugar un rato o simplemente hablar de cómo fue el día puede convertirse en una fuente poderosa de seguridad y valor personal.
Porque cuando se sienten importantes para nosotros, también empiezan a sentirse importantes para sí mismos.
¿Y si siento que aún asi no es suficiente?
Hay momentos en los que, a pesar de nuestro acompañamiento y cariño, el malestar de nuestr@ hij@ no mejora… y eso puede hacernos sentir frustrad@s, perdid@s o incluso culpables.
En estas situaciones, pedir ayuda profesional no significa que hayamos fallado, sino que estamos eligiendo cuidar con responsabilidad, amor y valentía. Un proceso terapéutico puede ofrecerles un espacio seguro para comprender lo que les ocurre, fortalecer su autoestima desde dentro y adquirir herramientas emocionales que les acompañen toda la vida.
Porque cuidar su salud emocional también es parte de quererles bien.