CÓMO AFECTA AL ENVEJECIMIENTO EL EJERCICIO MANTENIDO DE LA AUTOCOMPASIÓN

Cada vez es más habitual relacionar los estados mentales con diferente sintomatología física: la somatización es un hecho perfectamente contrastado y con suficiente evidencia empírica. Pero ¿puede la manera de tratarnos a nosotros mismos afectar a la genética y a cómo envejecemos? Vamos a indagar sobre ello en este artículo. Veremos en qué punto se encuentra la investigación actual sobre el tema y a que conclusiones se ha llegado.

¿Qué es el envejecimiento celular?

Dentro de las teorías biológicas que explican el envejecimiento, la Psicogerontología destaca la de la senescencia celular como una de las más desarrolladas y con mayor apoyo empírico. Vendría a postular que la célula tiene un número limitado de reproducciones tras las cuales entra en senescencia y muere. Cada reproducción o mitosis conlleva una pérdida de material genético que provoca peor calidad de la célula replicada. Si los bordes de los cromosomas o telómeros son largos y bien formados, como los herretes de un cordón, la pérdida es menor. Así, unos telómeros cuidados aseguran unas divisiones estables y una mayor longevidad celular. La enzima que repara el telómero se denomina telomerasa. Ambos, telómero y telomerasa, se han escogido como biomarcadores para medir la senescencia celular.

¿Y la autocompasión?

Hace no mucho tiempo que la autocompasión ha entrado a formar parte de las herramientas terapéuticas de la llamada cuarta generación. Su ejercicio adquirido a través de diferentes técnicas (Mindfulness Autocompasivo, Terapia Centrada en la Autocompasión, etc.) ha arrojado unos resultados excelentes. Según Araya y Moncada (2016) la compasión se define como el acogimiento del sufrimiento ajeno como propio de una manera cálida, bondadosa y comprensiva; acompañándose este sentir con la necesidad de minorarlo. La autocompasión, por tanto, vendría a ser aplicar esta actitud hacia el propio sufrimiento. Neff (2020) lo desgrana en tres componentes: bondad hacia uno mismo, humanidad común y auto observación sin juicio (Mindfulness). 

El distrés

Ya sabemos que el estrés es un mecanismo psico-fisiológico cuyo fin es la adaptación del organismo a un entorno demandante de recursos inmediatos y exigentes. Este proceso está diseñado por la biología para ser utilizado de manera puntual y razonablemente breve. El problema aparece cuando se mantiene en el tiempo sin que exista un estresor objetivo que justifique su permanencia, salvo la interpretación de estímulos que a priori, no deberían generar esta respuesta. Al sostenimiento estable del proceso se le ha denominado distrés (Camps, Sánchez y Sirera, 2006). Pues bien, la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal que este mecanismo provoca, activa un torrente de hormonas y neurohormonas (cortisol, adrenalina y glucocorticoides) que afectan de manera directa a la longitud del telómero y a la actividad de la telomerasa a través de la generación de estrés oxidativo celular.

¿Qué sabemos en referencia a la relación entre la autocompasión y los biomarcadores celulares?

Como se decía mas arriba, no hace mucho tiempo que las terapias basadas en la autocompasión se han implantado como herramienta psicológica. En el mundo oriental la autocompasión viene ligada al ejercicio de la atención plena, como en el caso del Mindfulness basado en la Compasión, y se experimenta como una cualidad emergente durante el ejercicio de esta; una visión no dual entre el individuo y su entorno. En el mundo occidental, la autocompasión se desarrolla a través de la adquisición de procesos cognitivos, como en la Terapia Centrada en la Autocompasión. Los ensayos clínicos que relacionan ambas variables, que se han realizado principalmente en los últimos cinco años, tienen a la atención plena como eje rotor, aunque en muchos de ellos la escala específica que mide la autocompasión: la Self Compasion Scale, aparece en la sección de “Métodos” para calcular el impacto del ejercicio del Mindfulness en esta variable. Es decir, los estudios no buscan relacionar autocompasión con variables biológicas específicamente, pero se mide aquella con su escala como parte del resultado de la actividad de la atención plena. Todo el cuerpo de investigación que relaciona el Mindfulness con la longitud de los telómeros no es concluyente a la hora de encontrar un tamaño del efecto definitivo; los resultados son contradictorios y difusos: la relación positiva alcanza a un 70% de los ensayos, en el 30% restante el ejercicio de la atención plena no tiene efecto alguno sobre los telómeros y la telomerasa. Ahora bien, si se trata de comparar exclusivamente el incremento de la autocompasión medido con su escala específica, y el impacto positivo en los biomarcadores celulares, esta relación asciende al 90%. 

¿A qué conclusiones se puede llegar con estos resultados?

Todo apunta en la dirección de que, a diferencia de la práctica del Mindfulness donde la relación de su ejercicio cotidiano, sin especificar tiempo ni modelo de práctica, no se relaciona de forma plena con los biomarcadores; para el caso de la autocompasión, esta relación es mucho más clara. Eso sí, parece que de los ensayos se desprende una mediación de la edad del sujeto y de la forma en cómo se adquiere el hábito para que esta se de en ese porcentaje. Así es, la media de edad de la muestra de todos los estudios sobrepasaba los 50 años, y los cursos para adquirir el ejercicio continuado de la autocompasión, requerían de una calidad contrastada de los formadores. Estos resultados se pueden interpretar desde la perspectiva del impacto de la madurez como etapa vital en la que se necesita de un sentido y dirección para la persona, donde la autocompasión supone una herramienta para resignificar los eventos pasados; y una calidad formativa necesaria para invitar al individuo a que descubra esa necesidad vital.   

Posibilidades y reflexión final

En un mundo que sí o sí se debe enfrentar en las próximas décadas a un envejecimiento global de la población, hecho este inédito en la historia de la humanidad, donde la inmigración ya no podrá cubrir las demandas de los países desarrollados para poder mantener la calidad de vida actual; la evitación del aceleramiento de la vejez que provoca el distrés se presenta como una necesidad imperiosa. La autocompasión puede ser la llave que nos permita abrir la puerta a una solución que se antoja imprescindible. La manera en cómo nos hablamos a nosotros mismos, en cómo nos tratamos y cuidamos tiene un impacto en cómo envejecemos. Quizá ha llegado el momento en que implementemos medidas ambiciosas y complejas, acordes con la importancia del problema al que nos enfrentamos y que nos permita llevar a la práctica el hito que el ser humano tiene pendiente: la revolución desde dentro.

Referencias

Araya, C., y Moncada, L. (2016). Autocompasión: origen, concepto y evidencias preliminares. Revista Argentina de clínica psicológica25(1), 67-78.

Neff, K. D., y Tóth-Király, I. (2022). Self-Compassion Scale (SCS). En O. N. Medvedev, C. U. Krägeloh, R. J. Siegert, & N. N. Singh (Eds.), Handbook of Assessment in Mindfulness Research. Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-030-77644-2_36-1.

Camps, C., Sánchez, P. T., y Sirera, R. (2006). Inmunología, estrés, depresión y cáncer. Psicooncología, 3(1), 35-48. https://revistas.ucm.es/index.php/PSIC/article/view

 

Artículo por: Luis Miguel Cantalejo

 

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